La historia de una pequeña vida

Hoy os traemos una bonita historia que contar a los niños y niñas, un cuento con el que transmitir el amor por la naturaleza, se llama: LA HISTORIA DE UNA PEQUEÑA VIDA, esperamos que la disfrutéis ?

“En el jardín los niños juegan con pequeñas piedras. ¡Que placer hacer pasar las pequeñas piedras de una mano a otra! Hay de todos los colores. Se deslizan, dan vueltas, caen, rebotan.

Luego, cuando cae la noche y los niños vuelven a casa, las pequeñas piedras de colores se quedan en la tierra, sin vida.

¡Pero no! Mira… confundidas entre las piedras hay semillas. Han caído de las plantas cercanas o tal vez las trajo el viento. Las miradas distraídas de los niños no las han reconocido, porque también parecen piedras, pero en ellas está escondida una pequeña vida que duerme.

¿Qué tendrá el mágico poder de despertarlas?

Un hada que baja del cielo las elegirá con su toque, vestida de gotas limpias y deslumbrantes: el Agua.

He aquí la maravillosa criatura que tiene el poder de despertar la vida. Ella desciende sobre la tierra para bañar cada pequeña piedra de color del jardín. Las lava y se vuelven hermosas y brillantes. Así los niños las encuentran más atractivas, porque la lluvia las ha liberado del polvo y pueden ver sus bonitos colores.

Pero ¿qué hacen entre las piedras las pequeñas semillas tocadas por la magia del agua?

¡Ahí va! En cada una de ellas hay de repente un cambio imprevisto que las anima, las devora, las transforma y las destruye.

La pequeña vida que dormía se ha despertado. Estaba dentro, pequeñísima, tan pequeña que nadie diría: ¡mira, es una semilla de una planta viva!

Pero eso sí, en cada semilla, casi aplastada y comprimida por el resto, hay una planta completa, pequeñísima e invisible, pero ahí está. Su pequeña raíz, su pequeño tallo y una pequeñísima hoja. La plantita está viva, pero duerme y espera a la bella hada que le dará la vida.

Y cuando el pequeño toque de ésta llega, se despierta y ahí va… se mueve. Es tan pequeña que tendrá la necesidad de crecer, pero tendrá que nutrirse. Pero… ¿dónde puede encontrar de comer? ¡Nada de miedo! Su madre, la planta grande de la que ha caído ha pensado en todo. Esa semilla que la aplastaba y comprimía, no era más que un grandísimo almacén de comida que la planta madre le había regalado cuando la dejó caer en la tierra.

El Agua, la buena hada de la vida, ayuda a la pequeña plantita a deshacer todas las sustancias de la semilla, así ella puede absorberlas y crecer.

¿Queréis ver cómo lo hace?
Poned una semilla en un trozo de algodón mojado y esperad, después de algunos días veréis a la pequeña plantita salir fuera y asomarse con su pequeña hoja que busca la luz y su pequeña raíz que busca la oscuridad de la tierra. Pero la tierra no está, no importa, porque de momento la tierra no sirve a la pequeña planta. Todavía disfruta de las sustancias que su madre puso en la semilla para ella y que, gracias al Agua, en el algodón se van deshaciendo. Así la plantita crece. La hoja, sostenida por un pequeño tallo sigue subiendo, mientras la raíz intenta siempre ir más abajo.

¡Qué buena broma sería darle la vuelta y poner las hojas hacia abajo y la raíz hacia arriba! ¿Os parece si probamos y mañana volvemos para ver qué ha sucedido?

¡Mira! Todo ha vuelto a su lugar, la hoja hacia arriba y la raíz hacia abajo. ¿Quién ha puesto otra vez todo en su lugar?

La Vida, que es siempre infinitamente inteligente. Ella sabe que cuando la pequeña planta se haga grande y las sustancias de la semilla se hayan acabado, se tendrá que nutrir y tendrá que buscar en la tierra los alimentos necesarios para continuar viviendo, creciendo, haciendo que salgan más hojas, hasta que nazcan flores y produzca frutos que darán nuevas semillas. Es como si la Vida le dijera a la raíz: ¡Busca la oscuridad! Es tan bella la oscuridad que solo allí encontrarás lo que necesitas.

Y la raíz, puesta en la tierra, empuja, excava, entra profundamente dentro de la tierra húmeda gracias a la buena hada, el Agua, que continúa para ella con su habitual trabajo: deshace las sustancias de la tierra para que ella pueda absorberla.

Es inútil de esta manera darle la vuelta a la planta. La Vida le dice lo que tiene que hacer, la raíz empuja hacia la tierra y el tallo sube alto hacia el cielo donde las hojas encontrarán el aire y la luz que le son indispensables para vivir.

Mientras que la raíz ama profundamente la oscuridad, las hojas aman fuertemente la luz del sol. Ellas adoran al sol, que con su mágico beso le dan su maravilloso color verde.

Y sus maravillosos rayos penetran en ellas y transforman el aire en alimento. Así las hojas se nutren y liberan desde el aire las sustancias venenosas que podrían hacer morir a todos los animales y todos los hombres. ¡Pensad! Si de la tierra desapareciera el verde de todas las plantas, los seres vivientes morirían todos. De hecho, las hojas fabrican su bonito color verde, exactamente con los venenos del aire.

¿Y quién le ayuda a hacer eso?

¡El mágico beso del Sol!
¡Gracias Agua, gracias Sol! Parecen decir las plantas con el amor que les permite tener el poder de alimentarse y mantenerse con vida ellas mismas.

¡Gracias! Decimos nosotros a las plantas, porque vuestra vida es la que protege a la nuestra y a la de todos los demás seres que habitan la tierra.”

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2 comentarios sobre “La historia de una pequeña vida

    • admin Autor del artículoContestar

      Esperanza, encantados de que te haya gustado. Puedes seguirnos en Facebook: @vinculados

      un saludo!

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