La importancia de comunicarnos con los bebés

¿No os habéis preguntado nunca que nos inspira el nacimiento de un bebé?

Desde que el bebé nace nos inspira un sentimiento de ternura que indudablemente hace que nos lleve a cuidarlo y protegerlo. Este instinto es algo natural del ser humano y da lugar a la interacción, configurándose de este modo el vínculo afectivo. El bebé desde que nace se muestra receptivo con el mundo que le rodea, es un ser indefenso y está necesitado de afecto, mimos, cariño y palabras dulces. El amor que le procesamos podemos transmitírselo a través de nuestros gestos, nuestras caricias, nuestras palabras, cuidando el tono de voz, una voz cálida que da al bebé seguridad y confianza y lo estimule.

Es muy importante que cuando le hablemos al bebé el contacto sea directo, se haga cara a cada a una distancia adecuada. Tener en cuenta que el sentido de la vista es el último en desarrollarse completamente. Cuando el bebé nace puede apreciar los objetos claramente a una distancia de entre 18 y 30 cm por este motivo el contacto visual a la hora de comunicarnos con el bebé debe darse de forma adecuada. El contacto visual se convierte en un poderoso elemento de comunicación.

Hablarle, cantarle, susurrarle son acciones fundamentales, muchos adultos piensan que hablarle a un bebé es una tontería, afirma que ellos no entiende lo que les decimos pero se equivocan. Al hablarle al bebé le estamos transmitiendo emociones, sentimientos, de modo que fortalecemos el vínculo, un vínculo que resulta de una interacción carga de cariños y afectos y orientada a cubrir las necesidades de los bebés buscando ante todo su bienestar. Esta interacción se va a llevar a cabo como bien comento hablándole al bebé, susurrándole, cantándole, pero no solo eso sino que además es importante la escucha activa , observar sus señales e interpretándolas, oliendo, tocando…Es importante dar un tiempo al bebé para que responda de alguna manera, bien sea con algún sonido, un gesto, una sonrisa…de esta manera podremos extraer información de las necesidades del bebé y esto nos permitirá actuar de la forma más apropiada. Estas acciones no solo fortalecen el vínculo afectivo sino que de esta manera vamos igualmente estableciendo las bases del desarrollo del lenguaje al intentar comunicarnos con el bebé desde el primer momento.

La comunicación con el bebé debe ser cercana y debe darse en un entorno afectivo, tranquilizador… Esas palabras que le transmitimos, esas miradas, esas caricias, se irán grabando en su cerebro, un cerebro que aún está en desarrollo y por ello está comunicación inicial es ideal ya que cualquier cosa que le transmitamos dejará en el bebé una huella imborrable.

Los momentos de cuidado diarios que los bebés reciben de sus padres son muchos entre ellos alimentación, higiene, descanso…todos estos momentos son estupendos para estimular esa comunicación, esos intercambios y además son fuentes de estupendos aprendizajes los cuales los adultos no siempre valoramos.

Al cambiar el pañal, bañarlos, darles el masaje, alimentarlos podemos fomentar esa comunicación, son momentos en los que el bebé está receptivo y mostrará interés por los gestos y la voz de sus padres, debemos de poder aprovechar estos momentos y dedicarles el tiempo que realmente se merecen.

El bebé desde que nace ya conoce la voz de la madre, le ha acompañado durante todo el embarazo. El desarrollo del oído empieza dentro del útero, el bebé oye los latidos del corazón y la voz de su madre, por ello la voz de los padres tiene un efecto calmante sobre el bebé y le transmite confianza y seguridad. Aunque inicialmente no entienda lo que le decimos en términos de vocabulario, el bebé si es capaz de comprender lo que le transmitimos de forma afectuosa.

No olvidemos que l a voz debe ir acompañada de gestos, caricias… la combinación de lenguaje verbal y lenguaje no verbal favorecerán el intercambio comunicativo.

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