¿Y QUÉ ES EL JUEGO?

¿Y QUÉ ES EL JUEGO?

El origen etimológico de la palabra “juego” se encuentra en el latín, más concretamente en la palabra “iocus” que es sinónimo de broma.

Por juego podemos entender una actividad cuyo principal objetivo es entretener y divertir a uno o más participantes en el mismo. Al mismo tiempo también se puede usar con finalidad educativa, pues sirve de ayuda a la estimulación mental y física, además de propiciar el desarrollo de diferentes habilidades sociales.

Existen muchos tipos de juego, desde juegos de mesa hasta los típicos juegos tradicionales de nuestra infancia, podemos hablar también de videojuegos o juegos de roles, entre otras muchas variedades.

Dentro de estos juegos encontramos, a su vez, aquellos que van dirigidos principalmente a la infancia (escondite, juegos con juguetes…) y aquellos que son practicados mayormente por los adultos (petanca, pelota vasca…).

A continuación veremos las principales diferencias entre el juego del adulto y el juego del niño/a.

Veamos como es el juego del adulto…

Después de la adolescencia, el juego no desaparece de nuestra vida, más bien se produce una transformación. Deja de ser la forma de aprendizaje por excelencia, de exploración del medio, y pasa a ser una forma de socializar, de vía de escape de las rutinas diarias, de distracción.

Para muchas personas, debido a la sociedad industrializada en la que vivimos, el juego es visto como una pérdida de tiempo, pues buscan siempre la creación de bienes y productos, pero lo cierto es que jugar sigue siendo fundamental en la vida adulta.

¿Para qué le sirve el jugar al adulto?

El juego es de vital aplicación en situaciones de personas con depresión, ansiedad o estrés, además de como medio de ocio y disfrute en la tercera edad, mejorando con ello la calidad de vida.

También es de gran utilidad en el trabajo emocional o social, nos permite ponernos en situaciones que normalmente no serían fáciles de experimentar, a través de estas vivencias podemos trabajar, por ejemplo, la empatía, el ponerse en el lugar de la otra persona. También puede ponernos en situaciones límites donde trabajar el manejo de la frustración, de la rabia, aprender a buscar soluciones.

Además, la mayoría de juegos requieren de trabajo en equipo con lo que se hace necesaria la interacción y el trabajo con herramientas de cooperación y organización, todas ellas útiles después en la vida diaria.

Seguir jugando, aún cuando ya no somos niños/as, nos ofrece múltiples posibilidades y potencia nuestra creatividad a la hora de resolver conflictos. Nos hace desarrollar nuestra inteligencia.

¿Y el juego del niño/a? ¿Cómo es?

El juego en la infancia supone mucho más que una forma de distracción o terapia como para el adulto. Para los más peques se trata de una actividad espontánea, una forma natural de experimentar, entender la realidad y aprender sobre la propia vida. Supone la principal ocupación del niño/a, su principal medio de aprendizaje, que además es innato, pues forma parte de su ser, no necesita que le mostremos como hacerlo, el niño/a sabe jugar, no  necesita de nuestras explicaciones.

Por todo ello, debemos considerar el juego como una actividad seria, en la que el niño/a deposita toda su energía. Es nuestra tarea el permitir que se produzca de forma libre, dejando a los niños/as explorar, manipular, descubrir…

Gracias al juego, en el niño/a se producen desarrollos de vital importancia en diferentes ámbitos: socio- emocional, psicomotriz y cognitivo. Veamos a continuación cada uno de ellos.

Aspectos socioemocionales:

• El juego es un instrumento de comunicación infantil, que permite al niño/a socializar con sus iguales.

• Supone una forma de expresión de las emociones, que además promueve el equilibrio afectivo de forma natural.

• A través de la actividad lúdica el niño/a alivia tensiones, relaja cuerpo y mente.

• Gracias a las normas que surgen de forma espontánea en los juegos, se propicia la aceptación de diferentes normas de convivencia sociales.

Aspectos psicomotores:

• El juego supone actividad, gracias a éste el niño/a se mantiene activo.

• Permite al niño/a explorar a través del cuerpo, del movimiento del mismo y la experimentación con los sentidos.

Aspectos cognitivos:

• A través del juego, el niño/a crea estructuras mentales y desarrolla capacidades como la atención, la concentración, la memoria…

• La creatividad e imaginación siempre están presentes en las actividades

lúdicas de la infancia.

• Cuando el niño/a juega da lugar a un aprendizaje realmente significativo,

pues la atención y el interés predominan durante la actividad

Comparemos ahora ambos juegos. El del adulto y el del niño/a…

Entre el juego del adulto y el juego del niño/a, al igual que vimos con el trabajo, encontramos aspectos totalmente contrapuestos, veamos algunos de ellos:

✔ Cuando un niño/a juega, lleva a cabo un proceso sin finalidad concreta, su objetivo es simplemente jugar, sale de su interior, en cambio el adulto siempre encuentra una finalidad en la actividad lúdica, ya sea como medio de socializar, de relajarse, de despejarse del trabajo diario, de ganar algo, de liberarse o entrenar capacidades…

✔ El niño/a jamás verá el juego como una pérdida de tiempo, al contrario, ni se lo planteará, ya que es su forma natural de desenvolverse en el mundo. Por otro lado, podremos encontrar muchos adultos, sobre todo de generaciones anteriores, que consideren el juego, a partir de ciertas edades, como algo no productivo.

✔ En el caso del niño/a, gracias al juego descubre el mundo, lo experimenta y forma sus estructuras mentales, a diferencia del adulto que parte de una personalidad ya formada que puede alcanzar nuevas aptitudes a través de la actividad lúdica, pero ya ésta deja de ser la única forma de alcanzar los aprendizajes.

El principal problema surge cuando el adulto, entendiendo el juego desde su perspectiva (finalidad, productividad), participa en el juego del niño/a y confunde jugar con enseñar, pretendiendo dar un sentido al juego que puede hacer que el niño/a se frustre o se incomode. Pues le arrebata la libertad y espontaneidad con la que se produce la actividad en la infancia. El adulto debe aprender que es fundamental respetar los temas, las normas y los roles de los juegos infantiles, pues para los niños y niñas supone el aprendizaje de la vida.

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