¡Escuchemos el SÍ detrás del NO de nuestro hijo/a!

¿Quién no ha oído hablar de la famosa crisis del NO o crisis de la oposición? Sí esa que surge en torno a los dos o tres años y pone a prueba nuestra paciencia.

De repente, sin avisar, vemos como un día nuestro pequeño/a comienza a responder no a todo lo que le proponemos, a cuestiones tan básicas y necesarias como ponerse el abrigo para salir de casa, sentarse en la sillita del coche, ir para la ducha… ¡cualquier situación de la vida diaria sería buen ejemplo! Pero… ¿qué podemos hacer ante ello?

En primer lugar debemos pasar por entender qué le ocurre al niño/a, y para ello, debemos empezar por cambiar nuestro concepto de crisis. Una crisis debe entenderse como una importante transición entre dos etapas de la vida, y todos pasamos por varias en el largo proceso de nuestras vidas (los niños y niñas también).

En este caso, el niño/a, que ya es capaz de moverse perfectamente, que entiende el lenguaje y que comienza a utilizar el pronombre “yo” para referirse a sí mismo/a, comienza a concluir el primer periodo básico de la construcción de su personalidad. Y lo que le ocurre en realidad, es que ya no acepta nuestra forma de hablarle, en la que continuamente recalcamos que es pequeño/a y debe hacer lo que se le ordena. Su ego quiere ser tomado en cuenta y consultado cuando se debe decidir algo que lo atañe, está reclamando ser reconocido como persona cuyas ideas cuentan. Quizás sería más acertado llamar a esta crisis: crisis del reconocimiento del ego.

Si lo vemos así seguro que nos encanta: nuestros hijos/as poseen una mente independiente, son inteligentes, seguros y saben lo que quieren, pero nos encantaría que fueran más razonables…

 

¡Pues empecemos a buscar el “sí” detrás del “no”!

 

Pongamos un ejemplo, estamos en el parque y…

Madre/padre: Es hora de irnos para casa

 

Hijo/a: ¡No! (aparece el temido “no”)

 

Madre/padre: ¿Te estas divirtiendo mucho jugando con tus amigos y amigas en el parque y quieres seguir aquí verdad? (no prestamos atención al “no”, sino que nos centramos en aquello a lo que el niño/a está diciendo sí)

 

Hijo/a: ¡Sí! Me encanta jugar en el parque

 

Madre/padre: Me hace muy feliz verte jugar en el parque con tus amigos y amigas, pero me siento agobiada porque me gustaría llegar a casa pronto para poder ducharnos, cenar tranquilos/as y descansar (expresamos nuestros sentimientos y necesidades). Para tener tiempo suficiente para ello, tendríamos que irnos ya ¿te gustaría que pensáramos alguna actividad divertida que puedas hacer en casa mientras yo cocino? (realizamos una petición, donde exponemos lo que necesitamos y qué nos puede ayudar a conseguirlo).

 

Hijo/a: ¡No! Yo quiero seguir jugando aquí

 

Madre/padre: Me gustaría buscar una solución. Me encanta verte disfrutar en el parque porque sé que te gusta, pero al mismo tiempo también quiero llegar a casa pronto para poder hacer todo lo que tengo pendiente hasta la noche (mostramos que nos preocupan ambas necesidades). ¿Estaría bien jugar 5 minutos más y después nos vamos? De esa forma tendré aún suficiente tiempo (ofrecemos una opción en forma de pregunta).

Podría ser que el hijo/a aceptara, pero si sigue sin funcionar…

 

Hijo/a: ¡Que no!

Madre/padre: ¿estás enfadada porque te pido que nos vayamos? ¿quieres elegir tú lo que hacer? (aceptamos y comprendemos sus emociones y su necesidad de independencia)

 

Hijo/a: Sí, quiero seguir jugando aquí (volvemos a buscar el sí)

 

Madre/padre: Me gustaría encontrar algo que funcione para los dos ¿me ayudas a pensar en algo? (volvemos a pensar en ambas necesidades y damos la oportunidad al niño/a de elegir, ser autónomo/a y buscar sus propias estrategias)

 

Hijo/a: ¡Vale!

¿Qué conseguimos con esto?

Enviamos el mensaje al ego del niño/a de que: “Tú eres importante aquí y las cosas que hacemos también requieren de tu aprobación. Tus necesidades cuentan como las mías y puedes participar en la búsqueda de alternativas”.

Con esto no sugerimos que los niños/as decidan qué hacer en cada momento, la idea es evitar dar solo órdenes y dejar alguna opción a buscar alternativas cuando sea posible. Significa dejar de culpar o exigir obediencia. En cuanto el niño/a se sienta seguro, se sienta escuchado y tenido en cuenta, dejará de decir “no” a cada momento.

De esta forma también ayudamos al niño/a a entender las necesidades de los demás y a participar en su ambiente de forma activa, colaborando, haciéndole sentir que irse del parque también ha sido elección suya, y no el resultado de haber perdido contra el adulto.

Y de esta forma, también, aprendemos a transformar el “no” de nuestros peques en un “sí” a través de lo que les motiva, a través de sus necesidades, lo que nos hace sentirnos conectados/as a ellos/as y conectarnos con nosotros/as mismos/as. Y a buscar detrás del “no” un enriquecido diálogo que nos acerque en vez de alejarnos.

Siempre sin olvidar algo esencial, y es que debemos ser muy cuidadosos al hacer promesas, y cuando las hagamos, mantenerlas. Si algo no es posible de cumplir, nuestro deber es pedir disculpas y buscar una nueva alternativa, pues, aunque la sociedad se encargue de predicar lo contrario, los niños y niñas son generosos, y no esperan la perfección de nosotros/as, sino más bien una relación
honesta en la que debemos demostrar nuestra voluntad de colaborar 😉

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